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Educación Física y Ciencia, 2001, vol. 5, p. 129-132. ISSN 2314-2561
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Educación Física.

Artículo/Article

Actividad física y prevención de enfermedades no transmisibles

Gabriel Omar Tarducci

Universidad Nacional de La Plata


Gabriel Tarducci es Profesor en Educación Física (U.N.L.P.). Director del área de actividad física del Programa de Prevención del Infarto en Argentina (PROPIA-U.N.L.P.) y docente de la cátedra de Fisiología de la Actividad Física (U.N.L.P.)

La carencia de actividad física sistemática trae serias consecuencias para la salud y la calidad de vida; la urbanización reduce las posibilidades de las personas de tener una vida físicamente activa. Demasiadas ocupaciones, transportes y tareas del hogar altamente tecnificados han conducido a la disminución de la actividad física. Cada vez más trabajadores no necesitan ni siquiera desplazarse dentro de su ámbito laboral y un número creciente de personas organizan su trabajo directamente en el hogar. Como resultado, los niveles de actividad física de la población han ido decreciendo con un muy negativo efecto sobre la salud pública.

La promoción de la actividad física tiene dos elementos que condicionan su eficacia: un efectivo mensaje de educación para la salud y la actividad física; y establecer un efectivo sistema de monitoreo para saber en qué medida se obtienen progresos.

La evidencia científica indica que hay importantes ganancias en salud pública realizando actividad física en forma regular. Las investigaciones muestran que los individuos más sedentarios (aquellos que realizan menos de 30 minutos de actividad física por semana) tienen doble riesgo de padecer enfermedades si se las compara con aquellas personas que tienen hábitos más activos. La actividad física provee protección contra algunos tipos de cánceres, infarto de miocardio, diabetes mellitus no insulino dependiente y algunos otros trastornos de la salud.

Claramente se necesita que más y más gente realice actividad física sistemática. Este incremento de la participación se puede diferenciar en tres niveles:

1. - Reduciendo la prevalencia de sedentarismo en la población general.

2. - Incrementando la proporción de personas que participan de actividad física regular de intensidad moderada.

3. - Aumentando la proporción de la población que participan de actividad física regular de intensidad vigorosa.

El nivel tres representa el más común y tradicionalmente conocido de los programas de actividad física, basados en la concepción equivocada que a mayor nivel de condición física, aumenta el nivel de salud. Si esto fuera cierto entonces los atletas de nivel mundial estarían libres de enfermedades y, muy por el contrario a menudo estos atletas están sujetos a trastornos propios de la cantidad de entrenamiento a que son sometidos con el fin de aumentar la condición física. Podríamos decir entonces que estos deportistas lograron un incremento de la condición física pero en detrimento de la salud.

Sin embargo los niveles 1 y 2 representan importantes desafíos para lograr incrementar los niveles de actividad física y lograr una condición física saludable, principal objetivo de la promoción de actividad física. Está suficientemente probado que los mayores incrementos en términos de prevención de enfermedades se logran cuando una persona pasa del estado sedentario al de activo.

Numerosos gobiernos han tomado conciencia acerca de la importancia de la promoción de hábitos activos. Un ejemplo de esto lo constituye el gobierno del Reino Unido, que incluye dentro de sus áreas prioritarias del programa nacional de salud a la actividad física para prevenir las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las enfermedades mentales.

Factores de riesgo cardiovascular y ejercicio

Existe evidencia del rol de la actividad física en la prevención de la enfermedad arterial coronaria (1). La actividad física regular se asocia habitualmente con la pérdida de grasa corporal y la reducción de los factores de riesgo cardiovascular (todos estos son elementos de la salud relacionada al fitness) (2). Por otro lado la energía gastada durante el descanso es relacionada inversamente con el VO2máx. y directamente con los pliegues cutáneos. Eaton estudió la relación entre actividad física, fitness físico y factores de riesgo cardiovascular (3). Los resultados muestran una correlación, pobre pero estadísticamente significativa y sugiere que se puede emplear el reporte de actividad física y el fitness físico, estimado por medición indirecta del VO2máx. como indicador del riesgo.

Por lo que sabemos hasta el momento, resulta difícil dar respuesta a algunos interrogantes tales como el tipo de actividad, tiempo mínimo de duración del programa de ejercicios, intensidad -ésta en relación con la duración-, la duración de la sesión y por sobre todo, durante cuánto tiempo se mantienen los resultados una vez alcanzados. Si bien existen grandes coincidencias, no es menos cierto que hay muchas dudas y en algún caso respuestas francamente contradictorias.

Por ejemplo, durante un estudio realizado en el Reino Unido (4) se analizaron los resultados que producen 12 semanas de caminata vigorosa o enérgica, seguidas de 12 semana de desentrenamiento. Los resultados muestran un descenso de la frecuencia cardíaca y la concentración de lactato durante el ejercicio y, si bien no se registraron cambios en la masa corporal y la relación abdomen-cadera, la sumatoria de cuatro pliegues decreció con la caminata y aumentó con el receso. HDL colesterol aumentó con el entrenamiento y decreció con el descanso, otras lipoproteínas no sufrieron cambios con respecto al grupo control. Por lo tanto, estos hallazgos sugieren que con un simple ejercicio de caminata, sostenido durante al menos 12 semanas, se puede modificar positivamente el perfil de algunos factores de riesgo. Pero tan importante como eso, es la comprobación de que la inactividad por el mismo tiempo, revierte los logros alcanzados.

La grasa corporal, estimada como porcentaje graso, no tiene directa relación con la grasa sanguínea pero indebidamente se la asocia en forma directa. Sin embargo, en los últimos tiempos aparecen trabajos que de alguna manera las relaciona, en la medida que, sometiendo a las personas a un programa de ejercicios aeróbicos, se comprueban reducciones de ambos tipos de lípidos, corporal y sanguíneo (5). De manera que, es lógico esperar que una modificación de la composición corporal vaya de la mano de una modificación de los lípidos sanguíneos como, por ejemplo, aumento del HDL colesterol y disminución de los triglicéridos.

Consideraciones finales

Claramente se necesita que aquellos encargados de políticas deportivas y de salud pública comprendan el impacto que la promoción de actividad física puede tener sobre la calidad de vida y la reducción del riesgo de enfermedad; y como consecuencia, la consiguiente disminución del gasto público en salud. El control de los denominados factores de riesgo parece ser un buen camino en este sentido.

Aumentar la expectativa de vida es una de las metas que la ciencia se ha impuesto en las últimas décadas; pero el desafío futuro está centrado en incrementar firmemente la calidad de vida y en la postergación de los inevitables deterioros de las cualidades físicas, psíquicas y sociales que sobrevienen con la edad.

Ahora sabemos que la actividad física prácticamente no agrega años de vida, sin embargo llegar a la vejez con la posibilidad de gozar plenamente, es una meta realista para motivar a las personas a mantenerse físicamente activas.

Bibliografía

1. LEON, A. S; NORSTROM, J. Evidence of the role of physical activity and cardiorespiratory fitness in the prevention of coronary heart disease. Quest (Champaign, Ill.); 47 (3), Aug. 1995, pp. 311-319.

2. RAURAMAA, R; TUOMAINEN, P; VAISANEN, S; RANKINEN, T. Physical activity and health-related fitness in middle-aged men. Medicine and science in sports and exercise. (Indianapolis, Ind.); 27 (5), May. 1995, pp. 707-712.

3. EATON, C.B; LAPANE, K.L; EWING-GARBER, C; ASSAF, A.R; LASATER, T. M; CARLETON, R. A. Physical activity, physical fitness, and coronary heart disease risk factors. Medicine and science in sports and exercise. (Indianapolis,-Ind.); 27 (3), Mar. 1995, pp. 340-346.

4. HARDMAN, A.E; HUDSON, A. Brisk walking and serum lipid and lipoprotein variables in previously sedentary women - effect of 12 weeks of regular brisk walking followed by 12 weeks of detraining. British journal of sports medicine. (Oxford, England); 28 (4), Dec. 1994, pp. 261-266.

5. DENGEL, D.R; HAGBERG, J.M; COON, P.J; DRINKWATER, D.T; GOLDBERG, A. P. Comparable effects of diet and exercise on body composition and lipoproteins in older men. Medicine and science in sports and exercise. (Indianapolis, Ind.); 26 (11), Nov. 1994, pp. 1307-1315.

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